octubre 25, 2016

NEUROPROGRAMACIÓN

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Accede a las creencias que ya no son adaptativas y te hacen sufrir. Puedes transfórmalas por otras que te conduzcan a la felicidad, a través de tus emociones. Con este método desarrollas la capacidad de procesar las heridas del pasado que generaron respuestas automáticas que necesitas cambiar para poder actuar como realmente sientes y liberar el sufrimiento.

LA NEUROPROGRAMACIÓN

Es un método basado en un circuito neurodidáctico que permite acelerar el proceso de aprendizaje de las experiencias que vivimos. Se desarrolla en cuatro etapas.

1. Identificar

En esta fase el cliente expresa el motivo de su consulta y profundizamos sobre ese asunto recabando la información que nos da el cliente sobre las experiencias relacionadas con lo que le preocupa.

Primero hablamos del escenario, de los personajes que lo integran, con quién se relaciona, y qué siente hacia ellos. Cuáles son los efectos de la interacción con ellos en la vida del cliente. Después entramos en las sensaciones, en cómo se siente. Viajamos a través de esa emoción por todos los escenarios en los que el cliente recuerda haberla sentido. Empezamos a identificar patrones, paralelismos.

En este punto es posible que el cliente necesite liberar emociones que no pudieron ser expresadas en el pasado, a medida que se van visitando esos escenarios. También incentivamos esa liberación a través de ejercicios específicos para que el cliente alcance estados de mayor serenidad para poder gestionar el asunto en mejores condiciones.

Cuando ya siento que hemos recabado la información suficiente para que el cliente pueda comprender lo que le ocurre, pasamos a la siguiente etapa.

2. Comprender

El mayor antídoto del miedo y la culpa, la base de los principales motivos de consulta, es comprender, para no juzgar. La oscuridad es sólo ausencia de luz, y cuando se comprende, se puede aceptar. Se liberan las culpas, y se integra la realidad con mucha más facilidad.

A través de mis conocimientos y con la información que he recogido puedo explicar a mi cliente desde una perspectiva objetiva y científica lo que le ocurre. Cómo funcionan nuestros mecanismos adaptativos y cómo se han activado en él. Cuando consigues esa trazabilidad, cuando el cliente comprende el origen de su sufrimiento, ya no se siente vulnerable, ya no tiene miedo ni siente culpa.

3. Gestionar

Cuando ya tenemos identificado lo que ocurre, lo que queremos cambiar y porqué y para qué queremos cambiarlo, cuando ya no nos da miedo, es el momento de pasar a la acción. El conocimiento es información puesta en práctica. No tiene valor si no lo utilizas. En esta fase aprendemos a gestionar los automatismos y a actuar con coherencia, respecto a lo que sentimos y a lo que queremos.

Para ello es necesario entrenar la atención y adquirir recursos para no dejarse llevar por los automatismos. Muchas veces la comprensión crea la ilusión del cambio, de que está resuelto, pero sólo estás a mitad de camino. Existen muchos caminos para identificar y comprender, árbol genealógico, bioneuroemoción, kinesiología, neuropsicología, todos son buenos y dependen de cada uno. Pero en todos los casos, una vez hayas comprendido, tendrás que poner tu voluntad para cambiar. Si siempre te has lavado los dientes con la derecha, no te resultará fácil empezar a hacerlo con la izquierda, tendrás que poner tu voluntad, especialmente si todavía puedes usar la derecha, sobretodo cuando estés cansado o tengas prisa.

¿Cómo conseguir hacer eso? Cómo poner en práctica lo que ya has entendido? En esta fase ya hemos aplicado el conocimiento que acabamos de adquirir a toda esa información que recogimos en la primera fase. Lo revisitamos todo, ahora desde otra perspectiva, desde un lugar más objetivo. Activamos recursos para gestionar la atención y poder recoger la información de nuestro sistema emocional. Las sesiones de terapia no generan ningún cambio a menos que el cliente aplique la nueva información y los recursos que ahora tiene. En las sesiones de terapia observamos su presente, su realidad, atendiendo no sólo al exterior, sino a cómo eso le hace sentir, a reflexionar sobre si los pensamientos que afloran son fieles a la verdad, que siempre está en los hechos. Con este entendimiento, el cliente afrontará el período entre sesiones con otra perspectiva y tomará decisiones diferentes. Cada uno a un ritmo distinto, van tomando consciencia de que su realidad se transforma y las antiguas dinámicas van desapareciendo a medida que actúan en coherencia con su intención.

4. Practicar

Una vez se integran los recursos, el cliente aprende a hacer por sí mismo el ejercicio de observación, toma de consciencia, liberación de las emociones y la transformación de creencias, hasta que genera un nueva respuesta, esta vez adaptativa, al estímulo que antes le generaba sufrimiento. Las sesiones de terapia se dilatan en algunos casos y en otros siguen siendo semanales. Cada cliente tiene su propia dinámica y yo dejo en sus manos la decisión de cómo quiere administrar también el recurso que yo le ofrezco desde mi consulta. Cuando al cabo de un tiempo de haber finalizado el proceso se encallan en algo y no logran comprender, me vienen a ver. Es cómo si deshiciéramos un pequeño nudo y siguieran su camino. Agradezco mucho estas visitas. Para mi es una forma de evaluar los efectos del proceso terapéutico, y en todos los casos estas visitas son una confirmación de que este método funciona.

DURACIÓN DE LA TERAPIA

La duración de la terapia dependerá tanto de la intensidad de la herida a sanar, como del nivel de desarrollo de los sentidos internos del cliente, y por supuesto de mi capacidad para acompañar al cliente para que acceda a su propia sabiduría.

También para mantener el empoderamiento y no contribuir a la indefensión aprendida con la que demasiado a menudo limita a mis clientes, dejo en manos de ellos la decisión sobre la periodicidad de las sesiones. Si me lo piden puedo hacer sugerencias, pero en general no les escribo para preguntarles como están y no les insisto si dejan de venir. Estoy a su servicio para cuando lo necesiten pero trabajo a favor de la fe en sí mismos y soy muy vigilante en la generación de dependencias. Me vienen a ver cuando no están bien, así que si siempre tuviera los mismos clientes, tendría que cuestionarme la eficacia de mi método.

Sin embargo los hechos me dicen que se resuelven sus conflictos y aprenden a vivir des de otro lugar. No dejan de tener retos y de enfrentarse a aprendizajes, pero llega un momento en el que no me necesitan para resolverlos, ya han comprendido que ahora saben gestionarse a sí mismos y pueden hacerse cargo de su destino. La mayoría de las veces las dos primeras fases se resuelven en una sesión a nivel de diagnóstico. Lo que bajo mi punto de vista terapéutico considero que genera la transformación es acceder por uno mismo a esa comprensión, por eso estas dos primeras etapas se alargan el tiempo necesario que el cliente requiera para comprender. Mi labor es indicarle hacia dónde mirar para poder acceder a ese entendimiento, que ya está en él, de lo contrario no estaría haciendo terapia.

RECURSOS

Utilizo distintos recursos, en función de cada situación. No establezco clasificaciones de síntomas ni me guío por ninguna definición específica de las emociones. Trabajamos siempre sólo sobre la información que me trae el cliente y sobre los recursos necesarios para alcanzar los objetivos a través las herramientas que aprendemos a utilizar en el proceso terapéutico.

Muchas de estas herramientas van dirigidas a orientar la atención hacia la información interna, y a saber interpretar las señales que emite nuestro sistema emocional. Otras van dirigidas a compensar las inercias para poder propiciar el cambio de conducta que estamos buscando.

Todas funcionan si se practican, y para eso es absolutamente imprescindible el compromiso activo de mi cliente con su recuperación. No pasa nada si no se siente capaz, también podemos cambiar eso, pero si el cliente no tiene la voluntad de salir de ese espacio de dolor, yo no sabré cómo ayudarle. No puedo traerlo a la consulta, ha de venir él. En la primera entrevista, a veces incluso telefónica, evalúo la probabilidad de éxito del proceso. No puedo ayudar a todo el mundo y lo primero que he de valorar es su necesidad, no la mía. Si siento que no le podré ayudar se lo digo, y en función de los casos lo derivo a otros colegas que tienen más experiencia que yo para abordar el motivo de su consulta. Uno de los mayores frenos es la disposición del cliente para ser el protagonista del proceso, en poner la energía y la motivación para avanzar. Yo siempre estaré dispuesta a acompañarle si es así, pero no puedo caminar por nadie.

Creo que ningún terapeuta podrá ser feliz en su trabajo si cree que tiene la responsabilidad de generar la voluntad en el otro para sanarse, del mismo modo que creo que esta misma creencia genera una dependencia con el cliente que resulta contraproducente para alcanzar la sanación. Podemos contribuir a la esperanza, pero para que haya transformación, hay que desearla. Puedo nutrir la motivación, pero no la puedo generar. Cada ser humano tiene una sabiduría infinita, nuestra labor consiste sólo en hacérsela ver.